ICETAZO Y EDUCACIÓN

Se avecinan nubarrones entre el funcionariado interino de la administración sin distinción esta vez entre cuerpos, campos o formas de haber accedido en su día a la función pública. Amenaza el gobierno de Sánchez, a través de ese ministro de porte simpático y risueño que parece haber salido de alguna entrañable peli de dibujos animados, con sacar afilada la guadaña para desmochar a diestro y siniestro sin miramiento ni compasión alguna, las cabezas del ahora incomprensible y desproporcionado número de trabajadores interinos con los que cuenta la administración pública. Números estos vergonzantemente engordados legislatura tras legislatura por los gobiernos de unos y otros, y que ahora conviene con prisas y tirando por el camino del medio, meter en cintura para corregir así el despropósito de la exorbitante temporalidad laboral en la administración, por la cual todo sea dicho, acabamos de recibir el enésimo toque de atención de Europa que nuevamente nos ha colocado castigados contra la pared, y con unas orejas de burro que amenazan en quedársenos de por vida cada vez que hablamos de derechos laborales.

Traducido a nuestro campo, la educación, ni más ni menos amenazado que los de demás, si que se vislumbra con cierta esperanza entre el personal interino, tanta como recelo y desconfianza, la posibilidad de concurrir a futuras oposiciones masivas que regulen la situación de abusiva temporalidad entre el cuerpo docente. Aspecto este el de unas supuestas próximas oposiciones públicas con amplísima oferta de plazas, que parte del colectivo docente, no todo, vería con buenos ojos como medida preliminar a tomar, no como la única, antes de una posible regularización, ya que cansado está la gran mayoría de presentarse una y otra vez con las pestañas socarradas, a los exasperantes exámenes de oposición para pelear por una oferta pírrica e irrisoria de plazas, que eso sí por lo menos aseguren un mínimo de meritocracia en el acceso a la función pública, vista por gran parte de la sociedad porqué no decirlo a estas alturas, como coto de vagos y maleantes. No obstante lo de las oposiciones masivas y la amplia oferta de plazas quiero yo verlo.

Pero queda por aclarar la letra pequeña del famoso Icetazo, que es mucha y muy ambigua, pues nadie sabe del todo a ciencia cierta qué es lo que pasará después de esas supuestas macro-oposiciones. Tal es así, que hay quien aún jugándose de por medio el pan de sus hijos, valora o critica el controvertido Real Decreto dependiendo del color de sus ideales, por lo que hay que ser o muy tonto o muy cínico. ¿Qué ocurrirá después? Esa es la pregunta ¿Cómo regularizaremos la situación intentado conjugar necesidad económica, justicia laboral y competencia profesional? ¿Qué ocurrirá con aquellos interinos e interinas de dilatada y contrastada experiencia profesional, que no consigan obtener dicha plaza definitiva en ese supuesto proceso masivo? ¿Veinte días por año trabajado y te vas a tu puta casa?

Según reza la disposición, profesionales interinos de la administración de todo tipo y condición se verán afectados por igual, entre los que hay que incluir dolorosamente (no digo que los demás lo sean menos), a madres y padres de familia en edades muy comprometidas, por no decir imposibles para su reinserción laboral en otro campo para los cuales no están formados, entre otras cosas porque han ido encadenando durante toda su vida contratos temporales en la administración para desempeñar siempre el mismo puesto o funciones. Lo grotesco del asunto es que muchos de ellos no solo es que hayan demostrado sobremanera su valía y competencia, bien en su puesto de trabajo o bien en oposiciones que ya aprobaron en su día pero sin plaza, algunos hasta varias veces, sino que han sido utilizados al antojo de la ahora desalmada administración que busca traicioneramente cómo pegarles la patada. Han servido y sirven no para mantener solamente un sistema cada vez más parecido a un castillo de naipes, sino también para tapar los agujeros del mismo más ladinos y grotescos, resolviendo la papeleta curso tras curso al cubrir sin queja alguna plazas infumables, esperpénticas en cuanto a dedicación horaria y perfiles, rayanas al servilismo, con destinos muchas veces en la quinta puñeta, donde prácticamente desempeñarlas ha supuesto a sus trabajadores pagar más por el collar que por el perro.

Parece ser que tras la afable fachada del ministro se esconde cuando menos una maquiavélica personalidad, de lo contrario no se entiende esta vil propuesta que no solo engrosará de forma súbita las tremebundas listas del paro con funcionariado de todo tipo con dilatada experiencia, ya veremos si aguanta el envite el sistema, sino que en lo que a nosotros nos atañe, en lo meramente educativo, pasará a colocar al frente de las aulas de nuestros alumnos e hijos, no solo a aquellos que hayan demostrado su valía en la susodicha oposición, sino también a otros muchísimos docentes interinos que cubrirán las plazas sobrantes, todavía contadas por miles,  que únicamente albergarán como mérito distintivo el no haber trabajado nunca para la administración, o al menos por más de dos años en dicho sector, es decir, pasaremos la manija de la educación a aquellos docentes que nunca se molestaron en presentarse a una oposición, o que simplemente fueron a firmar y a pasar la mañana cerveceando con amigos, o que nunca se prepararon lo más mínimo con el fin de ir escalando poco a poco posiciones en las bolsas de trabajo, o que directamente han pasado, en su derecho están de hacerlo, de contemplar la docencia como una opción profesional seria y atractiva para ellos. Nos salva entre este desolador panorama que se dibuja, aquellos ilusionados nuevos maestros recién salidos del horno universitario, quienes conformarían un mal menor ante el desastre catastrófico que supondrá poner al frente de la chavalería al verdadero camión del pescado docente.

El Icetazo empeorará muchas cosas, muchas, pero con mucho a nivel social se llevará la palma el empeoramiento progresivo de la calidad y competencia de los profesionales de la administración: justicia, sanidad, servicios, etc. y por supuesto educación. Luego vendrán las consecuencias, las hostias y las justificaciones estúpidas de unos y otros. En nuestro caso, los docentes, jugamos siempre en este terreno con ventaja porque ya nos sabemos los miserables argumentos que contra nosotros volverán a esgrimir. Los unos y los otros, insisto, sin distinción, nos lanzarán la pedrada de nuestra pobre formación, de por supuesto nuestra pérdida progresiva de vocación, y ya que estamos en meses de verano seguro que algún barón con ganas de medrar en el partido dejará caer lo de nuestra infame indolencia y pocas ganas de trabajar. Nos atacarán incluso desde dentro los propios “compañeros” y expertos en educación con la mentira de la innovación, con la supuesta retrógrada situación jerárquica del profesor y con las supermetodologías redentoras que no sabemos, o peor aún que nos queremos utilizar. Para postre, la sociedad en general tomando las tribunas de los más prestigiosos medios informativos, nos regalarán las mismas cansinas sandeces de los sistemas educativos nórdicos y nos recordarán alguna chorrada de moda como que en Suecia dan clase en zapatillas de estar por casa y con tan solo dos horas en el cole, una infusión y un salmón, todos los niños salen honoris causa, mientras que aquí con este plantel de zoquetes que tenemos por docentes no tenemos nada que hacer.

Y el caso es que vamos camino de ello. El caso es que por una vez, aunque solo sea por una, como este despropósito salga adelante, va a empezar a haber centros y mucho me temo que comenzará el descalabro en mi querido medio rural donde las plazas se cubren con muchísima mayor dificultad, donde lo que llegue como docente si mandamos a las listas del paro a aquellos con dilatada y contrastada experiencia, va a estar más cerca de lo de zoquete que de lo de calidad educativa, casualmente término este con el que luego los mismos políticos, unos y otros, que ahora quieren aprobar este Decreto se llenan la boca, campaña tras campaña electoral.

*Aclaración: Cada comunidad tiene un sistema de contratación diferente y un funcionamiento propio de las bolsas de trabajo en el campo educativo. Tan perjudicial para el sistema e injusto para el trabajador es no tener en cuenta la experiencia acumulada de los aspirantes, como blindar dichas bolsas para no dejar opción a la inclusión de nuevos aspirantes, perpetuándose las mismas personas en esas plazas de interinidad por los siglos de los siglos.  

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