HALLOWEEN SÍ, PERO NUESTRA CULTURA TAMBIÉN.

Andaba dándole vueltas este domingo, mientras hipotecaba una espléndida mañana de vermuth afanándome con mis hijos y mi sobrina en el pacienzudo arte de vaciar calabazas, intentando averiguar el porqué del colosal y vertiginoso arraigo que en los últimos tiempos ha evidenciado esta celebración, cada vez más Halloween para todos y menos día de “Todos los Santos”.

Resulta obvio en esta sociedad de consumo donde la tiranía de la pela determina ya incluso hasta nuestras costumbres, que dónde hay publicidad, marcas, grandes superficies y negocio, también encontraremos multitud de adeptos y tirón, que no es ni más ni menos que lo que está sucediendo con esta celebración. Ya pintamos en su día a Papa Noel de color rojo para beber más Coca-Cola, poco nos cuesta ahora empezar a cambiar las calabazas y las chuches por los ramos y los centros de flores. 

Pero quería rascar un poco más, aprovechar estos días en los que nada se va a poder celebrar, para reflexionar y ver que hay debajo de todo esto. Valorar desde la distancia como estamos tratando los temas culturales, los propios y los ajenos, en nuestras escuelas, en nuestras casas, con nuestros chavales.

Personalmente no me gusta Halloween, vaya por delante, siempre he sido más de “D. Carnal y Doña Cuaresma”, pero como maestro y como padre no puedo negarme a esta celebración viendo como veo la tremenda ilusión que entre los más pequeños despierta, máxime este año en que les hemos quitado absolutamente todo. La gozan y la viven desde días antes con tal intensidad y realismo, que incluso acaban provocándose sus propias pesadillas nocturnas, imaginando terroríficos personajes que por unas horas hacen suyo el monopolio del susto y el miedo, que por otra parte ya llevamos de serie en el cuerpo desde hace unos meses.

En la escuela, la propaganda y publicidad de estas festividades anglosajonas, como digo mercantilizadas hasta el rabo de la calabaza, se genera a través de la realización de lúdicas actividades de centro en torno a este gran centro de interés, que lógicamente es dinamizado desde el área y los departamentos de lengua extranjera, inglés normalmente, siendo sus docentes quienes apechugan la gran mayoría de las veces, no siempre, con ese trabajo extra a realizar. Esta celebración escolar al más puro estilo yankee, se justifica educativamente a través de los objetivos curriculares que en dichas áreas de lengua extranjera, rezan acerca del conocimiento de la cultura de los países de la misma. Por tanto, papás y mamás contrarios a estas celebraciones, no es una invención de maestros chalaos que buscan estar de juerga todo el día, ni tampoco queridos compañeros de otras áreas alérgicos a la misma, la excusa perfecta para aprovechando el desbarajuste de la interdisciplinariedad, escaquearse un ratito a poner el culo al lado del radiador de la máquina de café.

Lo que me yo pregunto y verdaderamente me preocupa, es de si tomamos igual de en serio y le damos igual de importancia en la escuela y en la sociedad en general, al conocimiento de nuestra propia cultura e historia. Es decir, si dignificamos y preservamos la misma poniendo verdaderamente en valor aquellos contenidos curriculares enmarcados preferentemente en el área de Ciencias Sociales. Porque resulta que cuando uno habla de la importancia de que los niños conozcan los mismos, de que sean capaces de aprender nuestros momentos e hitos históricos, las gestas de nuestros personajes, las batallas, las obras, las fechas,… enseguida hay alguien que menta la funesta lista de los Reyes Godos, con la que todo dios afirma haber sido torturado y machacado con su aprendizaje, pero que curiosamente nadie sabe decir ni uno solo de ellos, pasando a recitar en febril trance pseudopedagógico el famoso mantra de nuestros días: “¿para qué conocer?”, “¿para qué memorizar esos contenidos, si todo eso está ya en Google?”.

De los contenidos curriculares que irremisiblemente año tras año van perdiendo su valor en la escuela, bien desplazados por aquellos que la sociedad considera más en boga, bien recortados en presencia horaria, o bien arrinconados como boxeador derrotado por otros que henchidos si se ven respaldados con nefastos planes y políticas educativas, son estos los de cultura e historia, también estarían aquellos relacionados con la música y las expresiones artísticas, los peor parados en nuestros días. Tan es así, tan defenestrados quedan, que en muchos centros es la propia administración quien obliga a impartir dichos contenidos de Ciencias Sociales en lengua extranjera, para que se ajusten así a sus brillantes y pomposos planes bilingües. Por cierto con la denuncia de muchos de los propios profesores de idioma ante tan maña desfachatez. El argumento para semejante disparate educativo evidencia claramente el desprestigio y la subordinación de estos contenidos como venimos diciendo: “Da igual que no entiendan mucho de lo que se les dice, lo importante es que se queden con la sonoridad y se vayan familiarizando con los términos y las expresiones del idioma”.

Me preocupa oigan. Veo un desinterés total desde las administraciones educativas por potenciar y fomentar el aprendizaje de la historia, de la cultura, de nuestros valores, tradiciones y costumbres. Algo tan importante para los niños cómo es saber y conocer ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, y ¿por qué así nos comportamos? Precisamente el área que debería de servir para explicarles cómo funciona nuestro mundo y nuestra sociedad, el área que debería de ser uno de los pilares del sistema educativo y que debería de ser la herramienta perfecta para integrar de la mejor manera posible a ese chaval o chavala el día de mañana en la sociedad en la que vive, queda en estos tiempos totalmente desdibujada hasta llegar a ser una mera caricatura de lo que fue. Da igual quién y cómo la imparta, sea el de música, el de educación física o el conserje que por allí pasaba con el taladro. La idea con el fin de ahorrar es que todo el mundo imparta todo, sepa o no sepa de lo que está hablando, y lo que es peor, le interese o no un pimiento la asignatura en cuestión.

Las modas educativas ahora son otras y los contenidos, los conocimientos, sobre todo aquellos relacionados con lo antiguo parecen no valernos, abrazando sin embargo eso sí todas las ocurrencias educativas posibles que suenen a novedad, malgastando tontamente nuestro esfuerzo, dinero y el poco tiempo que la opresiva y bochornosa burocracia educativa nos deja, en cursos y más cursos duchos en neuroeducaciones, pedagogías de bazar chino o superinteligencias futuristas. Y como uno no puede llegar a todo, ni puede saber de todo, lo que nos suele pasar es que dejamos para el final precisamente a esas áreas y contenidos arrinconados ya de por sí en el currículo, quedando la vieja historia de España más olvidada y maltrecha que nunca.

Y no es esto lo peor, porque a falta de conocimientos propios, o de interés y tiempo para ampliarlos y presentarlos de la misma rimbombante manera que nuestros compañeros de inglés presentan y venden sus halloweens, acabamos cayendo peligrosamente en clichés y prejuicios culturales e históricos ancestralmente establecidos, transmitiendo a nuestros alumnos no solo una visión totalmente distorsionada y vaga de lo que fue, sino alimentando desde las propias escuelas ese complejo de inferioridad tan nuestro y esa leyenda negra de España, precisamente orquestada y escrita por quienes fueron nuestros grandes rivales siglos atrás en la expansión de los imperios coloniales, los ingleses.

Será después la propia sociedad, la misma que desprecia a sus más ilustres personajes, solo hay que darse una vuelta y ver que queda en el “Barrio de las Letras” de Madrid donde nacieron y vivieron Quevedo, Góngora, Cervantes, Lope de Vega y pensar qué hubiera sido de esas calles de estar en cualquier otra capital europea, la misma que olvida y reniega de sus gestas, (lo de pedir perdón por la colonización de América es de traca), la misma que desprecia ahora la enseñanza de esos contenidos, quien se indigne, porque para indignarnos por todo no tenemos ningún complejo, cuando oiga a políticos sin escrúpulos hablar del carácter tolerante y democrático de nuestro dictador, cuando lea en editoriales escolares en ediciones exclusivas para una sola comunidad la invención de reinos y coronas autonómicas que nunca existieron, o cuando veamos atónitos a jóvenes saludándose en la puerta del instituto con gestos fascistas, sin pararse a pensar ni por un segundo, que todo esto no es fruto más que de nuestra incultura, de nuestro desconocimiento, de nuestra dejación y de nuestro fracaso educativo.

Sí a Halloween por supuesto, pero a lo nuestro también.

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