NUESTRO TIEMPO

Sonaba atronadora la voz de Amaral anunciando el fin de la jornada educativa. Eran las 14,00 H. de un viernes extraño. Las comunidades autónomas acababan de decretar el cierre de los centros educativos, y la letra de “Nuestro tiempo” que sonaba mientras los chicos marchaban con las carteras, parecía haber sido escrita para la ocasión poniendo los pelos de punta: “Es nuestro tiempo tan extraño y violento, parece que es el fin y solo es el comienzo”.  Los colegios se cierran, esa era la consigna en un principio, ¿o no? Porque… ¿qué hacemos con los docentes?

Como suele pasar con esto de las competencias transferidas en donde cada perro acostumbra a lamerse su ciruelo, los que mandan, viéndose en la tesitura de tener que apechugar con la espinosa decisión, escurren el bulto parapetándose tras ambiguas resoluciones de “te lo digo, pero no te he dicho nada”,  y pasan el mochuelo de tan trascendental decisión a confundidos  equipos directivos, como si esto se tratara de decidir si el día de la virgen del Socorro se toma como festivo local o no este año. ¿Y qué ha pasado? Pues lo de siempre. Lo que suele pasar. Los reinos de Taifas. Que en unos coles sí y para casa, y en otros no, y te quedas en el centro haciendo el paripé, tomando la decisión no dependiendo de si el riesgo de contagio es mayor o menor, o de si en tu entorno más inmediato convives con personas más vulnerables o menos al virus, sino dependiendo una vez más de nuestros propios prejuicios y complejos. Que son muchos.

Sé que hay situaciones mucho más graves y trágicas que la nuestra. Que pequeños y medianos empresarios vuelven a ver con temor y espanto el futuro incierto que se les presenta. Que vecinos, amigos y familiares miran con desconcierto y nerviosismo las noticias, sobrecogidos ante la posible tragedia de volver a la cola del paro. Que en muchos hogares se va a volver a poner crudo lo de llevarse un trozo de pan a la boca, lo de calentar un cuarto, lo de dar un vaso de leche al pequeño por la mañana. Sé que puedo parecer banal, egoísta e insolidario viniendo aquí hoy con esta pataleta con la que está cayendo, pero creo que defender unos derechos, los nuestros, no exime de solidaridad, respeto y ayuda con los de los otros.

Si lo denuncio es porque me preocupa. Me preocupa como decía, que sean los complejos y también la presión de algunos equipos directivos y los prejuicios de las consejerías y de algunos de sus dirigentes políticos, los que pesen más que el sentido común y la cordura a la hora de tomar comprometidas medidas. Estando como estamos ante una pandemia a nivel mundial, incontrolada por completo en nuestro país, con todos los sanitarios intentando concienciarnos de que hay que quedarse en casa, con virales campañas en la red que así lo promueven: hashtag’ #YoMeQuedoEnCasa, con nuestro presidente, nos guste o no es el que tenemos, diciéndonos y cito textualmente: “El heroísmo consiste también en lavarse las manos, en quedarse en casa y en protegerse uno mismo para proteger al conjunto de la ciudadanía”, ¿qué cojones hacen esas comunidades y equipos directivos imponiendo todavía a sus docentes permanecer en los centros de trabajo, cuando pueden desempeñar el mismo vía telemática como se está aconsejando? ¿Pero nos hemos vuelto locos o qué? ¿Qué pasa, que los docentes no merecen vivir? ¿Qué nuestros familiares no son igual de importantes que los de demás? ¿Qué sentido tiene deambular por centros desiertos? ¿Qué necesidad hay? ¿Vamos a salvar el mundo estando allí o qué?

Es el prejuicio de ciertas consejerías ante los maestros quien así lo dictamina. Vivimos muy bien, punto. O eso es lo que piensan. Eso es lo que pasa. Mandarnos a casa por decreto, nada de “flexibilizaciones” ni milongas como las que se están utilizando, hubiera supuesto tener que escucharse al inevitable coro social de protestones profesionales: “Hala venga, estos jetas otra vez de fiesta, ¿cómo no tienen pocas ya?”, y eso había que evitarlo como fuera, aun a pesar de contravenir las propias recomendaciones sanitarias, que tiene huevos la cosa. Por si esto fuera poco, personajes de la catadura moral del presidente García Page, miserable es decir poco, salta a la palestra avivando el rescoldo de la chimenea en bochornosa rueda de prensa, para arremeter contra el cierre de colegios y cargar contra los docentes a los que acusa de “querer quince días de vacaciones”. Hace falta ser sinvergüenza e irresponsable.

Dicho esto, denunciado el hecho, creo que ahora es nuestro momento. Sabido es por todos que en tiempos de crisis es donde germinan y florecen las grandes ideas, las grandes iniciativas, las grandes obras. Ahí tenemos nuestro Siglo de Oro que en plena decadencia económica gracias a la inutilidad de los Felipes, supo alumbrar a los más granados personajes a nivel intelectual. Es el momento de todos aquellos que como un servidor, han tenido la suerte de contar con un equipo directivo valiente, cercano y comprensivo, y no es por hacer la pelota, que nos va a permitir poder continuar con la tarea docente desde la tranquilidad y seguridad de nuestras casas, para así y junto a otros miles y miles de compañeros, arremangarnos y dar toda una lección de compromiso, profesionalidad e ingenio.

Debemos explicar bien claro antes a las familias eso sí, por lo menos a aquellas con niños en etapas de infantil y primaria, que no estamos lo suficientemente preparados para lo que nos enfrentamos. Que vamos a hacer todo lo que está en nuestra mano como docentes, pero que no estamos preparados ni social ni tecnológicamente, para de la noche a la mañana pasar a una educación cien por cien vía telemática. Eso solo es una burda mentira de quienes se quieren autoengañar o poner divinos. Mucho habría que debatir de porqué no estamos todavía preparados, cierto es, pero a día de hoy estamos como estamos. Y así, asumiendo ya de entrada y sin rubor alguno nuestros posibles déficits, debemos ser capaces de lanzar un mensaje de tranquilidad a las familias. “Vamos a estar ahí”. “No os tenéis porqué preocupar”. “Podéis contar con nosotros”. “Ahora más que nunca, aunque sea de forma virtual, vamos a estar veinticuatro horas a vuestra disposición, a vuestro lado”.

Vamos a dar el callo, a tirar de talento, de imaginación y de compañerismo. Ayudándonos los unos a los otros, como ya se está haciendo de manera masiva en las redes, compartiendo materiales, proyectos, fórmulas y descubriendo juntos nuevos caminos. Vamos a estar a la altura, haciendo un sobresaliente ejercicio de responsabilidad y profesionalidad, y quien así no lo entienda no merece estar al frente de un aula. Vamos a demostrarles a todos que no estamos de vacaciones. Nuestros alumnos y nuestras familias bien lo merecen, hagámoslo  por ellos, pero también por nosotros, por nuestro prestigio y nuestro reconocimiento. Por intentar que por una vez, al igual que se ha hecho con la policía, con los bomberos, o se hará justamente cuando esta pesadilla acabe con el personal sanitario que sostiene sobre sus hombros el peso de todo un sistema, se agradezca y reconozca por una vez en este país, el trabajo, la dedicación y la profesionalidad también de sus docentes.

“Y hay un tiempo para creer, tiempo para buscar,
hay un tiempo para olvidar todo lo que pudo ser y nunca será”.

(Amaral)

 

 

 

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