LA CRIATURA MEJOR QUE EL NIÑO

Es complicado ponerse a escribir de educación o de lo que sea, cuando en una misma semana lees artículos como el del hijo indio perteneciente al movimiento antinatalista, que va a denunciar a sus padres por tenerlo sin su consentimiento, el de la madre mexicana que amenaza con denunciar al profesor de Educación Física de su hijo, por hacerle correr en secundaria junto a otros niños la salvajada de diez minutos seguidos, o el manual de tu gobierno autonómico, que te insta, te sugiere, en pos de un lenguaje inclusivo y de un tratamiento igualitario, dirigirte a partir de ahora a tus propios alumnos, no como niñas y niños, sino como criaturas e infantes. Sí, lo han oído bien, criaturas e infantes. Si no fuera porque comprobé mientras me pellizcaba, todos y cada uno de los días la cabecera del diario, hubiera jurado que esa semana en la sala de profesores nos estaban dejando el Mundo Today. Si estuviéramos en Cádiz, desde luego la chirigota para carnaval la teníamos hecha, pero digerir esto aquí en estas fechas, cuando la ciercera y el frío apenas dan tregua, es complicado hacerlo sin que se te haga bola. No sé si esto solo me está pasando a mí y son los efectos de una incipiente pitopausia, pero cada día estoy más convencido que la estupidez del hombre, de la humanidad, o del género humano, que ya no sé sabe cómo hay que decirlo para no ofender, está alcanzando límites insospechados. Nos dicen que hemos perdido el norte y navegamos sin rumbo, así que solo rezo porque demos la vuelta al mundo rápido y volvamos al punto de partida. Bueno…, eso si no eres ferviente seguidor de la teoría terraplanista, también publicado hace unos días, y estás apuntado al crucero que va a demostrar que la tierra no es redonda. En fin… otra semana con noticias así, e igual me pillo yo también un billete.

Sin título 3

El del hijo indio nos lo saltaremos, ¿para qué? No tiene nada que ver con nuestro mundo, ni real, ni  educativo. Si está amargado porque sus padres le tuvieron sin su consentimiento, fácil lo tiene, por puentes será, y así deja de darles por saco a ellos y al resto de la especie humana. Estaremos enormemente agradecidos. De lo de la mamá mexicana, no conozco el contexto de la noticia ni quiero. Calor, ritmo, condición física, alimentación del chaval, etc. muchos factores pueden entrar en juego, aunque lo desproporcionado de la reacción merece toda mi reprobación. Si tuviera que denunciar yo a todos los padres de aquellos niños, que he atendido en clase de educación física por desmayos provocados por venir al centro sin desayunar, igual no salía del cuartelillo en todo el curso. Me quedaré para el post de hoy con la guía editada por la Diputación General de Aragón sobre el lenguaje inclusivo, en el que ya no seremos maestras y maestros, sino cuerpo docente, ya no habrá presos ni presas, sino población reclusa, ni tampoco médicos ni médicas, sino personal facultativo.

Ya se sabe que en esto del lenguaje inclusivo y la igualdad, hay que andarse siempre con pies de plomo, ya que una mala interpretación de tus palabras, o un interlocutor medianamente susceptible, puede acarrearte un buen escarnio público, pasando a ser de la noche a la mañana un retrógrado machista cavernícola. Hay miedo a hablar abiertamente de estos temas, más si eres hombre,  pero aún a riesgo del chaparrón, diré que en petit comité, en muchos de los centros donde se ha leído esta noticia, maestras y maestros, profesoras y profesores, han puesto el grito en el cielo ante lo de “criaturas” e “infantes”, considerándolo una tremenda chorrada que no tiene ni pies ni cabeza. Es más, se piensa, que el cachondeo del alumnado va a ser de aúpa. Me gustaría ver a estos que han escrito la guía, en una aula de secundaria, de esas con veinticinco adolescentes en las que las hormonas van descontroladas rebotando de pared a pared como en una máquina de pinball, llamar “criatura”, a un hipster de metro ochenta y cinco más barbudo que el indio que no quería nacer, después de haberle suspendido una asignatura. ¡Telita!

Ni soy lingüista, ni académico, ni estudioso de la lengua, ni nada por el estilo. Para discutir con propiedad, sobre pronombres neutros, masculinos genéricos, sustantivos epicenos y otras cuestiones, llamen a Pérez Reverte. Seguro que gustoso y diligente os atenderá. Me consta que le fascinan estas discusiones. Yo tan solo soy un maestro de primaria, de Educación Física para más INRI, de los que se nos presupone más músculo que cerebro, y que como la gran mayoría de compañeros, está más que confundido y desorientado ante la denominación políticamente correcta con la que debemos dirigirnos a nuestros alumnos. Porque en nada hemos pasado de defenestrar el género masculino neutro, “chicos”, con el que te dirigías al total de tu alumnado, al “chicas” y “chicos”, visibilizando ambos sexos, pero no conformes con eso, se sugiere también desde otros ámbitos,  forzar al máximo el lenguaje e inventar un surrealista y esperpéntico “chiques”, para terminar ahora ni con lo uno ni con lo otro,  sino con “criaturas” e “infantes”. Términos que en vez de modernos y actuales, suenan más bien bastante antiguos y castizos, como aquel “Váyanse a la mierda”, que seguramente ahora les diría nuestro gran José Antonio Labordeta.

Si tienen ganas de trabajar por la igualdad dentro del campo educativo, de acabar con actitudes y estereotipos machistas, hay muchísima materia donde hacerlo, donde poder arremangarse y bajar a la zanja a picar duro y sacar barro y porquería, pero aviso, habrá que mancharse las manos.

1.- Inviertan en programas de verdad sobre igualdad para aplicar dentro de los centros educativos, con profesionales bien formados, con motivantes metodologías y contenidos y lenguaje adaptados a las edades de los alumnos. No nos vengan otra vez a vender la burra de que tenemos que ser los docentes los que nos tenemos que formar, que ya está bien, que al final vamos a acabar formándonos hasta en el arte de capar ranas. Inviertan, como siempre. Subvencionen a esas organizaciones y sociedades dispuestas a dar esa formación de primera mano a los alumnos, siendo los docentes los coordinadores y programadores de estas actividades, buscándoles el mejor acomodo y contextualización dentro de la programación general del curso. Supervisen y filtren desde educación igualmente la calidad de esos cursos formativos y de concienciación ciudadana, que ya huele que apesta, la infinidad de charlas al hilo de estas cuestiones que acaban en los centros y son una auténtica pérdida de tiempo para el alumnado.

2.- Si quieren trabajar por la igualdad, tengan lo que hay que tener, y entren de oficio a sancionar, como harían con cualquier otro cuerpo del estado y no hacen con maestros y profesores, todas las denuncias, pero sobre todo aquellas que tienen que ver con la igualdad de género y el machismo, que se dan en todas las etapas pero más en secundaria, cantándoles las cuarenta desde la inspección educativa, al alumno adolescente que se mofa, insulta o denigra a una compañera por el mero hecho de ser mujer, maestra, profesora o como quieran llamarla. Que no se hable nunca de ello, no quiere decir que no esté pasando. Hay que darle visibilidad a esta preocupante realidad que se está viviendo entre los jóvenes, en que las conductas machistas y los estereotipos de género negativos, están aumentando escandalosamente, virando y retrocediendo a tiempos pretéritos de manera espeluznante.

3.- Continuando en esta línea, empoderen de una vez al docente. Mucho se habla de empoderar al alumno y nada de hacerlo con el docente. Porque son también muchas compañeras, desde las guarderías a las etapas de infantil y primaria, que por ser un gremio eminentemente femenino y joven, sufren gratuitamente y sin opción a poder imponer sanción alguna, continuas faltas de respeto, vejaciones, y comentarios despectivos hacia su persona en clave sexista, sobre su ropa, su porte o sobre su vida privada. Nadie parece molestarse un primer día de clase en las filas ante un: “¡Joder como está la maestra!”. En esto estamos todos. Existe también dentro del marco educativo un machismo encubierto hacia las docentes, del que nadie habla, y que a veces es silenciado incluso por los propios compañeros y equipos directivos, que intentan amainar las aguas y capear el temporal. Se necesita, credibilidad, autoridad y protección, para que ninguna de estas conductas, por pequeñas que sean, quede en el limbo, solo por lo farragoso de una burocracia que todo lo eterniza y nada solventa.

4.- Resuelvan con premura e inminencia, aquellas bajas relacionadas con la maternidad de las profesionales de la educación, no convirtiéndolas así en el chivo expiatorio de familias irreflexivas, que al verse por varias semanas sin maestra sustituta, culpabilizan a las primeras por el mero hecho haber tomado la decisión de ser madres durante el curso: “¡Oye pues otra maestra que se queda embarazada, otra vez los niños a cambiar, con lo mal que lo pasan, ¿pero qué va a ser esto pues?!” “¡Y anda que no ha calculado mal, justo le va a venir para empalmar con las vacaciones de verano!”.

5.- Si quieren hablar de igualdad, de respeto, de consideración, échense al ruedo a porta gayola y legislen el tema del pañuelo de nuestras alumnas de religiones musulmanas, tal y como ya hicieran los franceses allá por el 2005. Porque cuando el tema es francamente complicado y peliagudo como este, enseguida todo el mundo se la coge con papel de fumar, y todos los miembros y las miembras acostumbran a mirar para otro lado y apelar a las libertades. Que si así lo son, las libertades digo, mejor para todos, pero me sigue generando muchas dudas, muchísimas, que una niña solo por el mero hecho de haber tenido el periodo por primera vez, deba de venir al día siguiente al centro tapándose con una tela la cabeza, no solo cubriéndole el pelo, sino también más de alguna vez, ensombreciéndole la mirada. No tengo yo del todo tan claro a tenor de lo que he visto, y ya son unos cuantos casos, ni que sea este un acto tan voluntario, ni que sea tan respetuoso con las mujeres.

6.-  Ahí tienen tajo para luchar por la igualdad con mayúsculas, pero si les parece lejano e inabordable por diferencia cultural y religiosa, les daré uno más de aquí, de andar por casa. Giren la vista hacia lo que pasa en algunos colegios concertados. Sí, en los subvencionados por todos y por tanto en teoría, solo en teoría, bajo su tutela última. ¿Cómo se puede explicar a día de hoy que en algunos de ellos, ser mujer docente y madre soltera, divorciarte de tu pareja, acostumbrar a vestir una faldita por encima de la rodilla, o un escote con dos botones desabrochados, pueda dar lugar a reprimenda, reprobación, e incluso acabar con tus huesos en la calle? ¿Eso es igualdad para ellas? ¿Eso es libertad? ¿Es eso luchar por los derechos de las mujeres?

Eso, entre otras muchas cosas, solo las sociedades maduras y comprometidas tienen arrestos de hacerlo y mucho me temo que nosotros no estamos todavía a la altura. “El compromiso, como dijo Jean Paul Sartre volviendo a Francia, es un acto, no una palabra”, y eso “criaturas mías”, es lo que a los ciudadanos, o por lo menos a mí, este manual del lenguaje inclusivo del gobierno de Aragón nos parece, un montón de vacías palabras. Para luchar por una verdadera igualdad hace falta mojarse y mancharse en la zanja, impulsando más actos valientes y forzando menos el diccionario, que de criaturas, infantes, idiotas e idiotos, vamos ya muy sobraos.

 

4 comentarios sobre “LA CRIATURA MEJOR QUE EL NIÑO

  1. Soy profesora de Secundaria en un instituto público de Andalucía, de ha ganado usted mi admiración y respeto. Es uno de los mejores artículo que he leído sobre este asunto.

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