A VUELTAS CON LA LEY DE DEBERES. (Utopía 2ª Parte)

Aplaudiendo la idea propuesta de consensuar y llegar a acuerdos entre centros y familias, más desde la generalidad a nivel institucional, que desde la utopía que se antoja la individualidad y sus múltiples condicionantes, iniciamos este segundo repaso a la “orden de regulación de los deberes en Aragón”, esperando que la misma no acabe de la misma manera que acabó, aquella otra ley a nivel nacional sobre el tabaco y los espacios de fumadores, con la que encuentro multitud de similitudes. A tenor del juicio que la redacción de la orden plantea, queda meridianamente claro, que los deberes, hoy día, como el tabaco, parecen ser nocivos. Ahí están los argumentos que expone: desmotivan al alumnado, enfrentan a las familias, sesgan los derechos del juego del niño, aumentan las desigualdades, e incluso ponen en peligro la salud de los mismos según la O.M.S. Sin embargo la administración, aún a sabiendas de todos esos perjuicios que insistentemente apunta, transfiere a centros y comunidad educativa la potestad de decidir de manera autónoma, tal como hizo en su día con bares y restaurantes obligados entonces a posicionarse en lugares para fumadores o libre de humo. De poco les sirvió meditar durante largo tiempo la decisión, o haber invertido un buen puñado de euros en reformas, ya que posteriormente la administración cuando se percató de que los resultados no habían sido los esperados (muchos de ellos optaron por el sí al humo, como puede ser ahora en los centros el sí a los deberes), impusiera salomónicamente el café con leche para todos y el aquí mando yo. Al tiempo. Pero mientras tanto, sigamos mientras con algunas matizaciones:

Curiosidad

1.- Responsabilidad de las familias: 

  • No se puede delegar en las familias parte del temario a impartir, ni responsabilizarlas de la correcta realización de las mismas. Resulta bastante evidente que es una función del docente.

Rotundamente falso. No se está delegando la responsabilidad de impartir el temario a las familias. No confundamos los verbos, completar con complementar. La gran mayoría de las tareas escolares para casa en la etapa de primaria, tienen un carácter eminentemente de refuerzo y de terminar lo visto con anterioridad en clase. Podemos discutir sobre la cantidad de las mismas, pero no sobre su carácter. De la misma manera tampoco creo que se responsabilice a las familias de la correcta realización de las mismas. Otra cosa es que nosotros como padres, nos autoimpongamos la obligación de que los deberes siempre vuelvan perfectos a la escuela. Desde las tutorías, e incluso ya desde las charlas de orientadores y escuelas para padres, se insiste precisamente en todo lo contrario, en que es preferible mil veces una nota al maestro con un: “No lo entiende”, a llevar la tarea correcta gracias a una excesiva ayuda de las familias. Ese exceso de celo de las familias frente a la perfecta realización de las tareas, provoca que el docente no pueda diagnosticar con precisión cómo va el proceso de aprendizaje del alumno, no pueda igualmente evaluar su propia práctica docente y lo que es peor, que el alumno se exima de manera consciente y voluntaria de prestar atención a las explicaciones hechas por el docente en clase, a sabiendas de que cuenta en casa con una atención mucho más personal e individualizada.

2.- Revisión curricular:

  • “Este debate acerca de los deberes debe servirnos para solicitar una profunda revisión acerca de los sobredimensionados currículos vigentes…”. “Cada vez que se hace un currículo se añaden contenidos sin que desaparezca los antiguos”. “Esto nos lleva a enfrentarnos a currículos inabarcables…”
  • “No tiene sentido extender el desarrollo de la jornada escolar de los niños con aquello que no se puede abarcar por falta de tiempo, por exceso de contenido curricular o por deficiencias en su desarrollo y delegar esa responsabilidad a las familias y a los alumnos”.

A ver si aclaramos las cosas y ponemos los puntos sobre las íes. No son los centros, ni son los docentes, sino la propia administración, la responsable de disponer unos planes de estudios con currículos acordes a la edad de los estudiantes. Mientras ustedes no digan lo contrario, ningún docente puede saltarse ni una sola una coma de todos esos contenidos curriculares, inabarcables como bien dicen, que ustedes todavía siguen apadrinando. La principal responsable de esa angustia educativa de docentes y familias ante temarios interminables, es la administración y por franqueza y honestidad, así deberían reconocer su incompetencia, en vez de culpabilizar al docente y a los centros con sibilinos juegos de palabras: “Los centros educativos tienen un trabajo que deben desarrollar en un ámbito temporal y físico concreto sin delegar sus problemas competenciales a otros ámbitos”.

3.- Participación de las familias:

Las familias deben tener un papel mucho más participativo en las actividades que se realizan en los centros”.Si esta relación no es positiva se reducen considerablemente las posibilidades de éxito académico del alumnado”.

Totalmente de acuerdo. Creo firmemente en esa necesaria coordinación centro-familias para que carbure a pleno rendimiento el proceso educativo de los alumnos, pero cuidado, la relación escuela-padres debe de estar basada en el respeto, la cooperación y la profesionalidad, sin caer en gratuitos servilismos de los docentes hacia las familias, en pos de preservar sí o sí esa relación positiva. Sin embargo, quien verdaderamente me genera dudas de creer en esa participación de las familias en las decisiones importantes de los centros es la propia administración, que es quien está pautando cuando participan y cuando no, a su conveniencia. ¿Cómo se explica si no que ahora vayan a imponer por el artículo treinta y tres, ese de por mis cojones, sin consultarnos para nada a las familias, un nuevo modelo de bilingüismo llamado Brit, que no es otra cosa que una medida educativa en clave puramente electoral? ¿No tienen derecho las familias a votar este nuevo plan de estudios que subordinará totalmente los contenidos de áreas como las ciencias a los de lengua extranjera? ¿Aquí no es importante la opinión de las familias, o es que no interesa escucharlas no sea que tumben nuestra medida estrella en materia de educación para estas elecciones? No seamos cínicos por favor. Si les damos voz y voto a las familias que sea para todo.

4.- Derechos de los niños al juego y a la realización de otras actividades extraescolares:

“¿La agenda de los escolares aragoneses permite que puedan ejercer ese derecho al juego?”

Pues la verdad que al juego no lo sé. Lo dudo, cada vez juegan menos en la calle. Pero… ¿y al videojuego? Porque al igual que cita a la Organización Mundial de la Salud para dar mayor envergadura y legitimidad a sus argumentos, cuando expone lo perjudicial de los efectos secundarios y colaterales que destilan los deberes, también podríamos citar a la misma organización y a otros muchos estudios, acerca del ingente tiempo que los escolares pasan delante de una pantalla (Estudio 1Estudio 2), estimándolo de media entre alumnos de primaria entre dos y cuatro horas diarias. Luego entonces,… ¿hay o no hay tiempo? ¿Si dijéramos que un niño de sexto de primaria, pasa el doble o el triple de tiempo durante el curso escolar jugando simplemente al “Fortnite” que haciendo sus deberes, nos parecería este mucho o poco tiempo? No es el tiempo creo yo, sino como lo administramos. Y no son tanto los tiempos, sino nuestra escala de prioridades, en la que la escuela y sus tareas, han caído posiciones estrepitosamente.

5.- Derecho a decidir en la formación de sus hijos.

“La posibilidad de que los alumnos pueden invertir su tiempo en otras actividades culturales y de ocio se ven reducidas en muchas ocasiones por las tareas escolares. Los horarios o esfuerzos exigidos por estas actividades pueden estar reñidos con la realización de las tareas escolares. Algunas de estas actividades creativas, deportivas o musicales… o bien no se dan en los centros, o no con el estatus que merecerían”.

Hace falta ser mezquino para introducir en este párrafo la hipótesis final. No hay duda de que si ya dotamos de mayor rango de importancia a la actividad extraescolar frente a aquellas otras derivadas de la escuela, estas en mayor o menor medida van a condicionan la realización de las mismas. Ahora bien, que diga la Administración educativa, que áreas como la música, con presencia ya casi anecdótica en el currículo escolar, la plástica, ahora rebautizada como Art, y que todavía subsiste gracias al dichoso bilingüismo, y la E.F., que en comunidades como Aragón se mantiene con tres sesiones gracias a los amigos luchadores de la plataforma de +EF,  es para que se les caiga la cara de vergüenza. Ustedes son los primeros que desprestigian y recortan cada vez más, los horarios lectivos de estas enseñanzas, así que por favor, un poco de decencia.

6.- Diversidad familiar:

“… aquellos alumnos que más ayuda necesitan en casa, son los que menos la tienen, por lo que las tareas pueden hacer que cada día las diferencias entre el alumnado aumenten en lugar de disminuir. No todas las familias disponen de los mismos recursos, tanto a nivel sociocultural como económico. Esto hace que no todas las familias tengan las mismas facilidades para acceder a la cultura o simplemente disponer de un ordenador, acceso a internet, número de libros en casa o tiempo y nivel cultural para acompañar el proceso de aprendizaje de sus hijos. Por todo lo cual, las tareas para casa pueden aumentar las diferencias entre los alumnos que más ayuda necesitan y el resto del grupo clase.

Terminaremos por hoy con este último punto de las desigualdades. Posiblemente el que yo veo más contradictorio y a la vez peligroso. ¡Es curioso el párrafo! Se muestran muy preocupados por las desigualdades que pueden generar los deberes, debido a la diversidad de entornos familiares y contextos socioculturales del alumno, y como estos van a influir de manera desigual en la realización de los mismos, ya que no todos los alumnos van a disponer de las mismas posibilidades de ayuda, ni de la misma calidad. Sin embargo, cuando esas desigualdades son generadas nuevamente por sus célebres planes bilingües, no parece ya importarles tanto. Segregar al alumnado por clases y ya en algunas comunidades incluso por centros, creando auténticos institutos gueto, utilizando el nivel de dominio de una lengua extranjera como justo criterio de diferenciación, sin atenerse a individualidades ni contextos, si que en este otro caso parece ser legítimo, pero no para deberes. Esta nuestra doble vara de medir.

“Había que abrir el melón de los deberes”, decía un compañero, y es cierto, pero la preocupación a que este nos salga pepino, que decía el abuelo, es mayúscula. Porque me preocupa, mucho más como padre que como docente. Padre de la pública. Esa que a veces pretende ser más papista que el Papa, y que gusta de utilizar como nefasta medida igualitaria, el hacer tabla rasa por debajo, es decir, igualar a todo su alumnado al nivel más inferior, en lo que claramente supone una nueva democratización de la ignorancia. Disponer: “Cómo a todos los alumnos no se les pueden ayudar por igual en sus tareas escolares, lo mejor será quitarlas”, me provoca espanto y miedo.

Miedo, porque mucho me temo, que en los otros tipos de educación, el privado y el subvencionado, no van a optar por estas medidas ni a seguir este camino. No sé si es porque lo venden mejor, porque parecen tener mayor prestigio, parece, porque sus familias no van a ir a protestar, o si es porque su idea de cultura del esfuerzo es otra, no lo sé, pero me da a mí que los alumnos de esas otras escuelas, seguirán con los deberes como hasta ahora. E insisto me da miedo, porque ahí si se van a generar desigualdades. Ahí se van a crear sistemas educativos y alumnos de diferente velocidad. Y al final, esos y estos, saldrán a jugarse los cuartos a una misma sociedad, sin escrúpulos y sin compasión, compitiendo los unos y los otros el día de mañana por un mismo puesto de trabajo. Y si en una carrera ya de salida, te toca en suerte un peor coche (nivel socio-económico, socio-cultural, contexto, etc.), circulas por buenas carreteras pero sin posibilidad alguna de tomar autopistas de múltiples opciones (universidades privadas, másteres, etc.), y aún encima te empeñas en no ir echando cada cierto tiempo, pequeñas y necesarias cantidades de combustible (los deberes también son esfuerzo, responsabilidad, constancia y perseverancia), es materialmente imposible que al final puedas ganar. Y yo como padre, no se los demás, lo que no quiero es escuchar a mis hijos decir aquello tan manido, de que en este mundo siempre mandan los mismos, de que los puestos y las butacas están pactadas de antemano, de que nos tenemos que conformar con las migajas o de que es imposible competir. Prefiero que “sufran” ahora, si es que se puede llamar así, esas tareas escolares, por supuesto siempre acordes en cantidad y dificultad a su edad, y vayan poco a poco haciendo su camino a base de trabajo, de hábito, de tesón y de compromiso, de manera que el día de mañana puedan tener las mismas oportunidades que el resto, y no sea entonces cuando los tenga que ver sufrir de verdad, por no ser competentes, no estar a la altura, o no poder conseguir aquello que soñaban.

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