ALUMNOS EVALUANDO PROFESORES

He decidido finalmente en este 2019, compartir con todos vosotros pequeños retazos de capítulos ya escritos, de los que espero algún día vean la luz en forma de libro sea en el soporte que sea. El inesperado éxito entre comillas de este todavía bisoño espacio de opinión educativa, así como la cantidad de propuestas de temas que me estáis haciendo llegar por diferentes canales, me anima a seguir en esta aventura de la cual espero poder estar a la altura, ya que me siento tan agradecido como abrumado a tenor del volumen de lecturas y seguimiento de cada uno de los post.

Os quiero invitar igualmente a todos a participar en este blog con vuestros artículos, ya sea en calidad de docente, padre, madre, alumno o del que pasaba por aquí. Cualquier tipo de propuesta será bien recibida y por supuesto publicada. Escribir no cumple otra misión que compartir inquietudes, establecer debates y escuchar opiniones, así que cuantas más tengamos y leamos, mucho mejor para todos. A buen seguro veremos las cosas de otra manera, acercaremos posturas, rebajaremos tensiones y ahorraremos en viajes a la farmacia.

Así que antes de continuar, agradeceros a todos el seguimiento, los comentarios, las propuestas, los likes, las críticas y la paciencia por aguantar mis impertinencias. Y por cierto, para todos los que leísteis el último de los artículos y me habéis preguntado estos días, la respuesta es sí.  Estuve con ella. Con mi gran maestra. En un inolvidable café de tarde navideña compartido con una compañera, pude agradecerle por fin mirándole a los ojos todo aquello que merecía. Así que sólo por esto, por este reencuentro, por este café, y por vuestra inestimable presencia, este blog  que con gran rubor comencé hace apenas dos meses, creo que bien merece la pena.

“Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos” (Goethe)

 

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Partiré hoy para inaugurar este año electoral que promete ser de platillo, bombo y pandereta, de un artículo que ha llamado poderosamente mi atención. Publicado hace unos días en un diario de tirada nacional, titulaba: “La comunidad educativa pide al Gobierno que los alumnos evalúen a los profesores en la ESO”. (https://elpais.com/sociedad/2019/01/08/actualidad/1546963752_218594.html)

Aunque uno ya está vacunado y comienza a acostumbrarse a leer embusteros y alevosos titulares sobre educación día sí y día también, empieza a preocuparme la asiduidad con que los mismos van apareciendo, dando la sensación de que con el nuevo año se abrió definitivamente la caja de Pandora, y a partir de ahora con las elecciones a la vuelta de la esquina, esto se va a convertir en un pim, pam, pum en busca del mensaje populista. Por el momento en el “Top Ten” de titulares ruines y malintencionados de este 2019  tenemos a: “Sobran maestros”. (https://www.elidealgallego.com/opinion/tomas-fernandez/sobran-maestros/20190106205031394045.html). Toda una oda a la infamia, en la que el titular no se corresponde para nada con la idea que uno presupone va a desarrollar el artículo.

Pero vayamos al nuestro. Categóricamente comienza afirmando que “La comunidad educativa pide al Gobierno…”, falseando totalmente ya de entrada la noticia, ya que no es la comunidad educativa quien solicita al ejecutivo, sino el Consejo Escolar del Estado, órgano meramente consultivo del propio Gobierno, compuesto en número y representación como a ellos les viene en gana y creado como potente instrumento de legitimación de sus propias decisiones faraónicas. Ya de entrada, uno comienza a vislumbrar por donde van a ir los tiros y cuál va ser el cariz del artículo en cuestión. Básicamente e intentando ser objetivo, el artículo trata de exponer que los alumnos de doce a dieciséis años, alumnos de Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.), serán los encargados de realizar la evaluación de sus propios profesores de instituto. No será así en la etapa de Primaria, alumnos entre seis y doce años, ya que considera sagazmente el Consejo, son todavía alumnos no lo suficientemente maduros, para poder establecer juiciosas opiniones sobre la competencia y dedicación de sus maestros. Esta evaluación, prosigue, será no vinculante y solo meramente informativa, buscando con ella la mejora de la práctica docente. Porque en España, continúa el artículo, los docentes de secundaria son los menos evaluados de la OCDE junto a los italianos, y claro…: “¡Así nos va!”, le falta decir.

Vayamos por partes, a lo Jack el Destripador. Como era de suponer, detrás del marrullero titular procesionan un reguero de medias verdades y afirmaciones con más mala que doble intención, que no buscan sino plantar la semilla en el subconsciente del lector, de la idea que de manera inequívoca desde la primera a la última letra del artículo se quiere transmitir, que no es otra que la sospecha, bueno…,  la certeza, de que en el fondo son los docentes y su statu quo, los verdaderos culpables del fracaso educativo de este país.

Así que tirando de bicarbonato para digerir uno de los muchos atropellos que este año nos esperan, me aventuraré con cara avinagrada al análisis profundo de este artículo, intentando desmontar con argumentos cada una de las falacias que el mismo ha ido desgranando. Comenzaré diciendo que lo que menos me incomoda de todo es el propio titular. Me da, y creo que puedo decir nos da, absolutamente igual, que los alumnos nos puedan evaluar. No me parece ni muy lógico ni normal, pero si así quieren hacerlo, adelante. No tenemos nada que esconder. Pero eso sí, no mientan: “Es importante que los estudiantes opinen sobre los recursos con los que cuentan, sobre si tienen suficientes profesores o si lo hacen bien o mal”. ¿Decir si lo hacen bien o mal es opinar sobre los recursos? Continúa: “¿Cuál es el mejor método para evaluar a los docentes? El control formal de su trabajo se puede hacer, mediante inspectores, con encuestas al alumnado, evaluando sus conocimientos y las notas de sus alumnos, haciendo que ellos mismos se evalúen o atendiendo a los comentarios de padres y tutores”. ¿Entonces…, la competencia del docente se basará en el número de aprobados, independientemente de la dificultad de la asignatura? ¿Será mejor docente aquel que tenga buenos comentarios de las familias? ¿Pondrán en el festival de final curso la banda al docente ganador de Mr. o Miss Simpatía? Y una última duda que me surge, ¿pasarán por el filtro de las comunidades y consejerías autonómicas las preguntas de estos test evaluadores del docente? Porque entonces ya sí que me veo a profesores siendo evaluados sobre su nivel de baile de jota, su pericia para hacer horchatas, o sobre si domina el pseudodialecto de la pedanía de Villabotijos de Arriba.

Hasta la fecha, ningún Gobierno se ha atrevido a tocar la evaluación del profesorado”. Como si la culpa fuera nuestra. Igual tiene que ver con que tampoco ningún Gobierno ha sido capaz de implementar un pacto en materia de educación serio y sensato. O con que son ya en apenas treinta años un buen puñado de leyes educativas las que llevamos, con sus consiguientes reformas, contrarreformas, jaleos, discusiones, objeciones y trifulcas varias, que denotan bastante más inmadurez, en este caso política, que la del niño de doce años.

Avanza el artículo en sus trece con: “… un 36% de los docentes españoles nunca ha sido sometido a una evaluación formal y externa de su labor…”, dando a entender al lector que los docentes son una suerte de funcionarios que campan a sus anchas, sin pasar cuentas a nadie, al estilo de los  intocables de Eliot Ness. Sin embargo no explica nada y omite de forma despreciable, que los docentes de este país registran absolutamente toda su actividad educativa diaria, levantando rigurosas actas de cada sesión de coordinación, de evaluación, de cada reunión con compañeros, familias o equipos de orientación. Dejando constancia por escrito de cada intervención educativa por pequeña que sea, así como explicando claramente cuáles van a ser los programas a seguir, en qué forma, cuándo y cómo los van a ejecutar, quedando estos plasmados en programaciones de aula, de asignatura, o de centro. Una vez aprobados y llevados a cabo se redactan las memorias del curso, nuevamente por cada una de las tutorías, especialidades y programas, dejando diseñado para el curso que viene  los nuevos planes de mejora, las futuras intervenciones, las propuestas, etc. Todos documentos pasan por el filtro de equipos directivos, claustros, consejos escolares con representantes de los padres y personal de la administración y servicios, por delegaciones autonómicas y por supuesto por inspectores de referencia, quienes los aprueban, hacen seguimiento y velan por su estricto cumplimiento. Todos documentos son públicos, se pueden por supuesto consultar y están abiertos a modificaciones previo estudio de las propuestas. Todo el proceso es supervisado por la propia administración. Por tanto… , ¿no es esto una evaluación continua y constante en toda regla? Como tienen valor de despacharse con semejante majadería de que al docente español no se le evalúa.

Pero si aún así como veo les parece poco, si aún así insisten en que es vital esta otra nueva forma de evaluación, les daré una idea. Resuciten y saquen del ostracismo burocrático al que han sumido al cuerpo de inspectores y recupérelos para la causa educativa de verdad. Sáquelos de los despachos. Libérelos del inservible papeleo que les acogota y vuelvan a convertirlos en agentes activos de la educación de los centros. Agentes educativos que no solo se dediquen a evaluar cifras y datos como vulgares estadísticos, sino que también ayuden al profesorado en su labor diaria, aconsejando a los mismos in situ, implicándose en la vida de los centros y en sus problemáticas, dejando de ser así para el cuerpo docente “El hombre del saco” en el que se han acabado convirtiendo.

El artículo poco a poco va adoptando un cariz diferente, olvidando de pleno la supuesta objetividad de los datos con que comienza, para pasar sin pudor ninguno a convertirse en un artículo claramente electoralista que sin sonrojarse lo más mínimo por su claro posicionamiento, busca justificar lo siguiente: “La ministra de Educación, Isabel Celaá, anunció el pasado noviembre que lanzará una reforma “integral” de la profesión docente. La prioridad, dijo, es volcarse en el profesorado, uno de los menos supervisados de la OCDE”. ¡Virgencica, virgencica, que me quede como estoy! ¡Miedo me da! Más aún leyendo artículos como este, que seguramente no aparecen por casualidad, aquí nadie da puntada sin hilo, anunciándonos lo que se nos viene encima como vaselina antes de la inminente sodomización.

Quedan todavía muchos meses de campaña por delante y algunos partidos ya van enseñando la patita y mostrando sus intenciones en este campo: PIN Parental (https://www.voxespana.es/pin-parental-y-libertad-de-educacion). Como diría Gandalf del Señor de los Anillos: “¡Ya vienen. La sombra se cierne sobre el horizonte”. Así parece que va a ser en materia de educación, de libertades, de igualdad y de progresismo, si quienes deben dar un paso al frente, en vez de coger el toro por los cuernos y centrarse en la madre del cordero de la educación, pacto educativo de estado e inversión, se dedican a bagatelas y menudeces como la que hoy nos ocupa.

Porque es así de sencillo. La comunidad educativa, que titula el artículo, lo que de verdad demanda desde hace tiempo, es poder contar con políticos de altura, de raza, que sepan por encima de sus colores e ideas, llegar a acuerdos que le den por un tiempo una necesaria estabilidad al sistema. Pánico da ver cómo ya en enero comienzan aquellos otros de baja estofa a esconderse detrás del ruin parapeto de la culpabilidad del docente. Lo que demanda la comunidad educativa es pacto e inversión, en lo que debe ser una apuesta sincera y clara por la educación pública. Porque no se puede señora Celaá, salir a la palestra a anunciarnos a bombo y platillo la evaluación del docente como la panacea para la mejora futura del sistema educativo, cuando de la mano de otros dos partidos mayoritarios vota con descaro hace menos de un mes, casualmente sin ningún tipo de repercusión en los medios, “No” a la propuesta de ley de bajar las ratios por aula  a veinte alumnos. (https://www.xarxatic.com/en-contra-de-la-reduccion-de-ratios/) Porque eso sí que mejora y mucho el sistema, sí que es objetivo y está probado. Menos alumnos por docente, significa más educación individualizada, mayor atención a las diversidades y en definitiva más capacidad para llegar a todo el alumnado. Ni de derechas, ni de izquierdas, así de simple. Empiecen por tanto la casa por ahí, por los cimientos, por el pacto educativo, y la levanten apoyados en sólidos pilares y paredes maestras, la inversión, y dejen si así gustan para el final la construcción del tejado, las evaluaciones subjetivas de los docentes realizadas por los propios alumnos.

Y por último no se preocupen, de verdad, “… urge en España poner en marcha un auténtico sistema de evaluación formal del profesorado, que no existe, y conseguir que sientan que su desarrollo profesional es más atractivo y relevante”. No necesitamos que nos den una carita sonriente para entrar a las aulas más contentos y felices, sintiéndonos reconocidos por la sociedad. Somos adultos, o quiero pensarlo porque a veces ya me surgen dudas, así que déjense de sandeces de este estilo y céntrense en hacer políticas educativas de verdad, serias y comprometidas.

 

  • Agradecimientos al gran Maestro Salieri (@signoresalieri) y a Jordí Martí (@xarxatic), twitteros siempre al acecho que generosamente comparten valiosísima y puntual información de todo lo que acontece en el panorama educativo.

 

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